Se estima que un 60 por ciento de la población del país, un poco más de siete millones de habitantes, esta cubierta por la red de la Secretaría de Salud, un 18 por ciento por el Instituto Hondureño de Seguridad Social y un 5 por ciento por el sector privado.
Pero un 17 por ciento, que conforman más de un millón de habitantes, ubicados en zonas de difícil acceso y elevados niveles de pobreza, no tiene acceso a los servicios de salud, según un informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas, orientado a analizar la situación de la población en el país.
Si bien el país ha experimentado descensos significativos en la tasa bruta de mortalidad, la tasa de mortalidad infantil, entre otros, sus declives son más lentos que en otros países de América Latina que amerita políticas de salud reproductiva más consistentes y efectivas.
Las ganancias de años en la esperanza de vida de los habitantes hondureños aunque ha dado grandes saltos de mejoría, al pasar de 42 años en 1950 a 72,1 años para el quinquenio 2005-2010, presenta ante la situación de inseguridad producto de la violencia social un problema en ascenso.
Dentro del componente de acceso a servicios, en materia de mortalidad infantil la primera causa de muertes sigue siendo la neumonía, la diarrea, sepsis, prematurez, asfixia neonatal, malformación congénita y las infecciones respiratorias agudas, en su mayoría relacionadas con deficiencias ambientales.
El informe del Fondo de Población indica que la mortalidad neonatal representa alrededor de la mitad de las muertes infantiles, siendo las más frecuentes trauma/asfixia, infecciones respiratorias, prematurez y diarreas.
Zonas rurales con mayor nivel de mortalidad
La mortalidad en los primeros cinco años en los menores es mayor en la zona rural que en la urbana (43 versus 29 por mil). La mortalidad después del primer año está más relacionada con las condiciones socioeconómicas y ambientales, las cuales son deficitarias en la zona rural.
En el área de la morbilidad, un 54 por ciento de las personas buscó asistencia en los servicios de salud debido a problemas respiratorios; un 18 por ciento a causa de otras enfermedades infecciosas; un seis por ciento por enfermedades crónicas y el resto por otras causas.
Las enfermedades transmisibles por vectores y crónicas, continúan con elevadas tasas de incidencia y prevalencia, especialmente en las regiones más pobres del país. Existe una fuerte relación entre estas enfermedades y la pobreza, ya que las mismas son favorecidas por condiciones como el no acceso a servicios básicos, el bajo grado de escolaridad, los hábitos y costumbres no saludables y la existencia de factores ambientales que favorecen su aparición.
Entre las enfermedades transmisibles más frecuentes en el país se pueden señalar el dengue, la malaria, la enfermedad de Chagas, la Leishmanisasis y la Tuberculosis.
Un treinta por ciento de menores de cinco años presenta deficiencia de hierro, mientras que la desnutrición crónica llega al 33 por ciento en este grupo de edad, de acuerdo a los datos en poder del Fondo de Población.
El panorama de salud si bien ha tenido determinados avances, los desafíos para garantizar un acceso más expedito para la población pasa por el desarrollo de una política pública efectiva a nivel de salud reproductiva y las redes del servicio de salud integral.
Según el citado documento, en el área rural, al final de su vida reproductiva, las mujeres tienen en promedio casi el doble de hijos que las mujeres del área urbana. Las tasas de fecundidad por edad alcanzan su mayor nivel en el grupo de 20-24 años, descendiendo a partir de los 30-34 años.
Analfabetismo en la mujer influye en tasas de fecundidad
Los departamentos que concentran mayor tasa global de fecundidad a nivel rural, son Lempira, Intibucá, Olancho y Copán. Las mujeres sin educación tienen en promedio al final de su vida reproductiva casi tres veces el número de hijos que aquellas con educación superior.
Hasta ahora las políticas de salud no están respondiendo plenamente a las necesidades de la población, lo que se traduce en inequidades en el acceso y exclusión para gran parte de la misma, además de presentar problemas en los niveles de calidad en materia de salud.
Los principales problemas identificados en el sistema de salud en el Plan Nacional de Salud 2006-2010 van desde una rectoría débil con dificultades para regular la prestación de servicios, bajo cumplimiento de las normas de atención, falta de transparencia, baja implementación de mecanismos de participación y control social, falta de coordinación e insuficiente fiscalización, entre otros.
De ahí que se hace necesario fortalecer los esfuerzos intersectoriales y regionales para llevar los servicios a cada lugar del país. La población que tiene un menor nivel de ingreso, menores niveles de escolaridad y que habita en las áreas rurales de los departamentos más pobres del país, tiene menores niveles de acceso a servicios de salud reproductiva y enfrenta condiciones más difíciles. Deben implementarse acciones focalizadas para atender estos grupos.
En el marco del diálogo nacional que busca impulsar el presidente electo, Porfirio Lobo, el sector de la salud no puede quedar atrás, debe ser parte integral y transversal de ese Plan de Nación que tanto necesita Honduras.
Un Plan que garantice mecanismos para superar dos elementos críticos que en materia de salud enfrentan los hondureños: acceso a medicamentos e insumos básicos. También debe tomar en cuenta la necesidad de crear un sistema financiero unificado que consolide la inversión en materia de salud, entre ellos, la salud sexual reproductiva.







