Por: Pedro Gómez Nieto
Conozco en carne propia lo que es migrar. Procedo de una familia que abandonó su patria por las secuelas de una guerra civil y la búsqueda de mejores oportunidades. Diferentes circunstancias profesionales y personales determinaron que mantuviera esa condición hasta el día de hoy. Todos, de alguna forma u otra, somos emigrantes, el solo hecho de residir en lugar distinto al de nacimiento asigna esa característica, que técnicamente se llama “desplazado” mientras no se abandone el territorio nacional. El ser humano lleva en su código genético la migración desde que Dios nos expulsó del Paraíso. La vida es una constante peregrinación en busca de la tierra prometida, física y espiritual, para encontrarla junto a Jesús, en el Padre, al final del camino.
Por desconocimiento, pero también por malicia, se confunden y mezclan los términos “inmigrante” y “refugiado”. Quien viva en un país donde no ha nacido es siempre un inmigrante, resida legal o ilegalmente. Emigrar para mejorar las condiciones de vida es decisión voluntaria. El refugiado es también un emigrante, pero forzoso. Huye del país de origen por motivos de supervivencia. Violencia, guerra, persecución étnica, religiosa o política. El derecho internacional define el perfil del refugiado ofreciéndole amplia protección.
El derecho a emigrar voluntariamente no está por encima de la facultad de cada país para establecer por ley las condiciones de admisión de extranjeros a su territorio. Es práctica habitual que el perfil del refugiado sea utilizado por los inmigrantes para obtener los beneficios de un estatus que no les corresponde. Las “razones humanitarias” es el comodín que utilizan los entes de DDHH buscando presionar a los gobiernos y equiparar al emigrante voluntario con el refugiado.
Entra en juego un nuevo elemento que distorsiona y alumbra todo lo anterior, la aporofobia. Palabra de origen griego compuesta por “áporos” (pobre), y “phobos” (temor). Una fobia es una patología que se manifiesta por el rechazo desproporcionado hacia algo; el miedo irracional ante una situación. La aporofobia es el rechazo al pobre, solo por el hecho de ser pobre.
Los medios sociales son responsables de direccionar la opinión pública calificando de “xenófoba”, rechazo al extranjero, la política de Trump respecto de los inmigrantes procedentes de Méjico y Triángulo Norte, cuando realmente es aporofobia. Ejemplo: el empresario Carlos Slim, el director de cine Guillermo del Toro, el boxeador Canelo Álvarez, el futbolista “Chicharito” Hernández, nunca serían rechazados por las autoridades gringas para residir en su territorio, aunque todos son mejicanos, porque son ricos. La aporofobia se manifiesta no por lo que se es, sino por lo que no se tiene. El inmigrante pobre lo único que tiene es hambre y necesidades materiales.
Mirando las imágenes de las redadas policiales contra inmigrantes ilegales, ordenadas por Trump, recordé las redadas de judíos de la película “La lista de Schindler”. A Donald Trump, (nieto, hijo, y marido de inmigrantes), le trae al pairo que tengan arraigo, constituyan unidades familiares con hijos menores, los años de residencia desempeñando trabajos productivos… Observando las caras de angustia y desolación de los detenidos, no vi a negros, asiáticos, europeos… solo a latinos. En Estados Unidos se está produciendo una autentica limpieza étnica de latinos por motivos de pobreza, igual que fuera la del pueblo judío por motivos de raza en la Alemania nazi.
Satanizar la migración regional coadyuvó al triunfo electoral de Trump, por eso repite estrategia elevando significativamente la presión. Amenaza a los países regionales con sanciones económicas caso de que no controlen los flujos migratorios, presionando a México para que aleje los migrantes de la frontera común, AMLO los está reubicando cerca de su frontera sur con Guatemala. Trump tenía razón cuando en campaña dijo que el muro lo pagaría México, de cualquier forma.
Patente la pobreza moral e intelectual de los políticos fracasados de nuestra oposición, responsabilizando a JOH de las caravanas migratorias. Hace 189 años Simón Bolívar dejó escrito: “En América Latina solo queda emigrar”, decepcionado por la clase de políticos que buscaban el poder. La migración siempre existió, pero las caravanas necesitan planificación, infraestructuras, apoyo económico, respaldo político y mediático. ¿Quiénes son los políticos que buscaron subir perfil a costa de las caravanas que alentaron y justificaron? Nasralla locutoreaba desde Matrix: “Cuando esté en la presidencia toda la gente de las caravanas regresará”. ¡Guau!
“La experiencia ha demostrado que jamás suceden bien las cosas cuando depende de muchos”. -Maquiavelo-





