Brasil, que formó parte del plan del presidente venezolano Hugo Chávez o se dejó utilizar “ingenuamente” a ser parte del plan, es el único que quedará con parte del problema, ya que los países latinoamericanos han empezado a reconocer los comicios y a los nuevos gobernantes, mientras los de la Alternativa Bolivariana de las Américas (Alba) y sus socios políticos y económicos no lo harán por el fracaso de su proyecto en Honduras.
De ellos únicamente Brasil queda en la posición de no reconocer a las futuras autoridades, pero con el problema que Zelaya se encuentra en el interior de lo que fue su embajada.
Con el presidente Lula da Silva, que en esta crisis usurpó las funciones del palacio de Itamarati (sede de la cancillería) y traslada el tema a Planalto (sede de la Presidencia), prisionero de su juego de ser un líder con estatus e influencia global, es poco probable que se pueda superar el «status quo» creado desde el 28 de junio y que en las actuales circunstancias se deberá definir, el futuro de Zelaya, en sus oficinas.
De embajada a una “oficina privada”
Lula, aupado por el canciller Celso Amorin, insiste en no otorgar reconocimiento al presidente electo Porfirio Lobo Sosa, por lo que la misión diplomática de Brasilia en Tegucigalpa pasará a ser, como de hecho lo es ya, una oficina privada del gobierno brasileño.
A partir de la asunción del nuevo gobierno, Honduras no podrá continuar reconociendo a Brasil los derechos de la convención de Viena, que regulan las relaciones diplomáticas, lo que da un giro en la sede brasileña ubicada en Tegucigalpa. De esa manera, Lula da Silva deberá entender que el nuevo gobierno, con el reconocimiento legítimo que le otorgó el pueblo hondureño en las elecciones y el reconocimiento que le concedieron los cuatro candidatos presidenciales perdedores, no se sentirá responsabilizado de otorgar a su oficina los privilegios diplomáticos.
Lula deberá buscar una salida al caso Zelaya, ya que se comprometió a que fuera su «huésped» por el tiempo que quisiera en la legación.
Pero existe una corriente al interior del gobierno brasileño, comandada por su ministra de la Presidencia y futura candidata presidencial del partido de los Trabajadores (PT), Dilma Rousseff, en admitir que hay «una nueva situación» en Honduras tras las elecciones del 29 de noviembre.
«Hubo una elección. Hay una nueva situación. Ese proceso será tomado en cuenta. No podemos desconsiderar el golpe, pero tampoco podemos desconsiderar las elecciones», expresó Rousseff, a la prensa brasileña que acompañó a Lula en su gira europea.
El sector pragmático en Brasilia tiene en cuenta la realidad que Zelaya ya no cuenta para el futuro de Honduras, ya que los electores salieron masivamente a votar, el Congreso Nacional ratificó su destitución el pasado 28 de junio e incluso sus seguidores del frente zelayista acordaron no luchar más por su restitución y concentrar su lucha por la anhelada asamblea constituyente.
Ante esa realidad, solamente Lula, el canciller Amorin y el asesor del primero en política exterior, Marco Antonio García, siguen apostando por Zelaya, tal vez porque no desean desairar a Chávez, el jefe del Alba, con quién mantienen buenos nexos.
Chávez y el resto de satélites mandatarios de los países albistas, siguen en sus posiciones de no reconocer la realidad hondureña pese al entendible mensaje dado por los hondureños cónsul concurrencia a las urnas.
Armas y “seguridad” en la embajada
Pero además de Zelaya, Brasil enfrenta otro problema en sus oficinas en Honduras y es que los niveles de seguridad no son aceptables para el país receptor.
![]() | La reciente salida de Carlos Eduardo Reina, asesor de Mel y uno de los llamados jefes de la Resistencia, confirmó lo que el gobierno hondureño ha venido sosteniendo y es que en el interior de la misión existen personas armadas. La denuncia hecha por el gobierno de Honduras, tras la llegada de la primera misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), en agosto, Brasil informó por medio de Amorin que había controlado la situación dentro de sus oficinas y había reclamado el desarme. |
Dijo que las armas comisadas a los simpatizantes de Zelaya se encontraban en una bóveda de seguridad, pero la práctica supone que no fue así, porque los casquillos de bala de alto calibre decomisadas a Reina, dan muestras que la seguridad brasilera hacia Manuel Zelaya no ha sido “tan efectiva”.
El canciller brasileño Amorin, preocupado más por el desempeño del fútbol español que por la suerte de Zelaya, está obligado a dar una respuesta acerca de la presencia de los casquillos de bala que portaba Carlos Eduardo Reina, al ser su país garante dentro de la embajada de la seguridad del ex presidente Zelaya.
Cuando salió de las oficinas, Reina portaba decenas de proyectiles de un calibre mayor, los cuales fueron requisados por las fuerzas de seguridad, evidenciando que el problema de seguridad en la misión nunca fue controlado.
Lo anterior llevó a la inquietud a las fuerzas hondureñas, ya que desconocen el nivel de armamento al interior de la embajada y no pueden ingresar a la misma, ya que a pesar de ser oficinas privadas de un gobierno extranjero, la actual administración se comprometió a seguir dándoles de facto los derechos de las misiones diplomáticas.
Prensa brasilera recoge opción del asilo
Al asunto de las armas, está el problema que se desconoce las personas que se encuentran al interior y el gobierno brasileño no ha divulgado los nombres, ni la cantidad de quienes están en sus oficinas.
Además de Zelaya, su esposa Xiomara, otra mujer y Rassel Tomé, se sabe que al menos hay 12 personas adicionales. De esa cantidad de desconocidos, dentro de la embajada, se ha manejado que algunos podrían ser extranjeros, se ha informado de venezolanos e iraníes, pero los hondureños desconocen con certeza quienes son y su real situación. Zelaya deberá salir, Tomé es esperado por las autoridades judiciales, pero de los demás no se conoce su nacionalidad y estatus jurídico.
Dentro de las posibles opciones que le quedan a Zelaya, tras el rechazo unánime en el Congreso para no devolverlo al cargo del cual fue sacado por violentar la Constitución, trascendió que se encuentra la posibilidad de que el depuesto Zelaya pudiera asilarse en Brasil.
El fin de semana, informes locales de la prensa brasileña indican que el gobierno de Lula Da Silva analiza la posibilidad de conceder asilo político a Zelaya.








