“Hoy ofrecemos otra muestra de nuestro firme propósito e inquebrantable voluntad de sanar las heridas, de aprender de nuestros yerros y de construir juntos el futuro, porque solo el perdón cura y asimilar las lecciones de la historia nos hará mejores”, subrayó.
Señaló que la finalidad de la Comisión no es juzgar, sino desentrañar los hechos de la crisis, y expuso que en el curso de este ejercicio “tendremos que vernos frente a frente con nuestra propia verdad, por dura que ésta sea”.
Aclaró que los trabajos de la Comisión “no serán valorativos sino especialmente facticos, pues como lo manda el acuerdo Tegucigalpa/San José habrá que identificar los actos que condujeron a la situación crítica” del 28 de junio.
Dijo que el objetivo de la Comisión “es constructivo, ya que por medio de ella buscamos perfeccionar nuestra democracia y nuestra institucionalidad para evitar comportamientos que pongan en entredicho o en peligro nuestra libertad y nuestro futuro”.
“No le teman a la Comisión de la Verdad, a los que gritan por una constituyente les digo yo, somos pro consulta, pero es el pueblo el que va a decidir lo que quiere hacer, es el pueblo el que manda y el pueblo tiene derecho a ser consultado, jamás estaremos en contra de una consulta, pero jamás tampoco desde el poder vamos a imponerle nada al pueblo, es el pueblo que tiene que decidirlo libremente, el es el que manda”.
A quienes “pasan gritando” que no hay que cambiar la Constitución, también les envió un mensaje: “Toda sociedad necesita revisar su ordenamiento jurídico porque la ley tiene un propósito que es garantizar la convivencia pacifica y armónica, y ninguna generación puede imponerle a otra un marco por el cual no se puedan mover”, les dijo.
Pero estos son temas, agregó, “que tenemos que debatir los hondureños ampliamente en el espacio que nos garantiza la libertad, que es inherente, es un derecho de todos, y en el cual tenemos que decidir”.
“El pueblo tiene derecho a decidir, el pueblo. Lo que tiene ningún Gobierno es el derecho a imponer por encima de la voluntad de un pueblo”, añadió.
Lobo Sosa reconoció que con la Comisión de la Verdad “se corre el riesgo de no satisfacer ni a uno ni a otro lado”.
Al mismo tiempo expresó su confianza en los miembros de la Comisión, y les agradeció por “aceptar este desafío”.
“Se que su trabajo contribuirá enormemente a fortalecer la democracia y la convivencia pacifica de los hondureños”, indicó.
En su discurso, Lobo Sosa se refirió al aislamiento internacional al que se sometió al país tras los sucesos de junio del 2009, y se refirió a sus esfuerzos por volver a reinsertar el país en los foros internacionales.
Lo irónico de estas crisis, dijo, “es que los que más sufren son los que no tienen ninguna culpa, Porfirio Lobo Sosa es el presidente de los hondureños, pero atrás hay un pueblo que vive en condiciones difíciles y cuando nos castigan, castigan a ese pueblo, son las victimas inocentes de las crisis”, apuntó.
Confió que Honduras saldrá adelante de esta crisis “con la ayuda de todos los amigos sobre todo este pueblo que necesita mucho de lo que es la solidaridad y la buena relación con todos los países. Vamos a triunfar”.
Discurso completo:
Ilustres invitados internacionales, compatriotas hondureños:
Quiero agradecer a todas y cada una de las personas que con su compromiso personal y altura de propósitos nos han permitido culminar con éxito el último de los compromisos del Acuerdo Tegucigalpa-San José.
No hay duda que la historia somete a los pueblos a muchas pruebas.
Pruebas que exigen de los pueblos elevarse sobre ellas para demostrar grandeza.
Grandeza de espíritu. Grandeza de propósitos. Grandeza de voluntad.
La profunda crisis que vivimos en 2009 nos sometió a una dura prueba.
Sobre ella se alzó el pueblo hondureño cuando culminó con éxito el Diálogo Guaymuras y suscribió el Acuerdo del 30 de octubre pasado.
Un mes después, de nuevo los ciudadanos hondureños se elevaron sobre la adversidad y pusieron fin a la crisis al votar masivamente por la democracia y la reconciliación.
Este día ofrecemos al mundo otra muestra de nuestro firme propósito e inquebrantable voluntad de sanar las heridas, de aprender de nuestros yerros y de construir juntos el futuro.
Porque sólo el perdón cura y asimilar las lecciones de la historia nos hará mejores.
Mi primer obligación como gobernante de Honduras es contribuir a traerle paz a la Nación. Sin paz en nuestras mentes y en nuestros corazones, no podremos construir el país que anhelamos.
No es fortuito entonces que como candidato me haya negado a exacerbar las pasiones durante la crisis pasada. Yo sabía que si era electo Presidente no debía ser parte del problema sino estar en capacidad de contribuir a la solución.
Debo confesar que no siempre es fácil mantener la serenidad de ánimo y la ecuanimidad en la acción cuando los vendavales de las pasiones soplan con toda fuerza.
No obstante los agitados vientos, mi oferta electoral fue sencilla. Propuse la paz. La reconciliación. Un gobierno fundamentado en los principios social-cristiano, la unidad. Y hoy, como Presidente de todos los hondureños, aún sabiendo que corro el riesgo de no satisfacer ni a uno ni a otro lado en todas sus pretensiones, estoy más convencido que hoy más que nunca Honduras me demanda, que como su gobernante, dedique mis esfuerzos a unir, no a enfrentar a nuestro pueblo. A esforzarme por conducirlo hacia derroteros de progreso económico y de bienestar social. No a destruir lo que con tanto esfuerzo se ha levantado ya. Y siendo un servidor del pueblo, como Presidente encuentro mi inspiración en el interés general y los límites a mi autoridad en el respeto a las libertades públicas e individuales de los ciudadanos. En la Constitución y las leyes. En la independencia con que deben actuar nuestras instituciones y en el afianzamiento de nuestra identidad nacional.
En los últimos tres meses hemos andado una parte del camino. El Congreso aprobó la amnistía para delitos políticos que solicité. Cumplí mi promesa de formar un gobierno de unidad nacional. Hemos restablecido relaciones con prácticamente todos nuestros países amigos. Hemos aprobado un presupuesto austero y equilibrado, sin sacrificar la inversión social. Se ha reiniciado el financiamiento externo. Y mi gobierno está comprometido con el respeto a los derechos humanos, la ética pública y la lucha contra la corrupción, porque como he dicho antes, no basta con servir al pueblo. Hay que hacerlo con honestidad y con justicia.
Hoy continuamos con el proceso de reencuentro entre nosotros mismos. En el curso de ese ejercicio tendremos que vernos frente a frente con nuestra propia verdad. Por dura que esta sea.
En este solemne acto instalamos la Comisión de la Verdad y Reconciliación porque es necesario que sin apasionamiento, sin ira, sin odio, sin resentimiento, temor o violencia se esclarezcan los hechos ocurridos antes y después del 28 de junio de 2009. Que se identifiquen los actos que condujeron a la situación de crisis y que de su análisis derivemos conclusiones que permitan que no se repitan jamás.
Los hombres tenemos una especial obligación de tender continuamente hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente.
El Papa Juan XXIII en su Encíclica Pacem in Terris nos dice: “Vivir en la verdad tiene un importante significado en las relaciones sociales: la convivencia de los seres humanos dentro de una comunidad, en efecto, es ordenada, fecunda y conforme a su dignidad de personas cuando se funda en la verdad”
El perdón reciproco es imperativo que nos lleve por el camino que conduce a la verdad, la verdad es un requisito indispensable para la reconciliación.
La Comisión de la Verdad y Reconciliación deberá ayudarnos positivamente ya que su finalidad no es juzgar sino desentrañar los hechos de la crisis. En este sentido sus trabajos no serán valorativos sino que esencialmente fácticos, pues como lo manda el Acuerdo Tegucigalpa-San José, habrá que identificar los actos que condujeron a la situación crítica. El objetivo principal de esta Comisión es constructivo, ya que por medio de ella buscamos perfeccionar nuestra democracia y nuestra institucionalidad para evitar comportamientos que pongan en entredicho o en peligro nuestra libertad y nuestro bienestar futuros y le digo a los dos extremos no le teman a la verdad.
Amigos todos, el día de ayer fui a Costa Rica personalmente a agradecer al Presidente Arias por ser parte fundamental del inicio de este proceso con el Acuerdo de San José, desde aquí le reitero mi profundo agradecimiento; permítanme felicitar a los miembros de la Comisión de Verificación, igual que a la Comisión que logró concretar el Acuerdo Guaymuras (San José-Tegucigalpa).
Sr. Coordinador de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, Dr. Eduardo Stein, Dra. María Amabilia Zavala, Embajador Michael F. Kergin, Dra. Julieta Castellanos, Dr. Jorge Omar Casco y Lic. Sergio Membreño, gracias por aceptar este desafío y se que su trabajo contribuirá enormemente a fortalecer la democracia y la convivencia pacífica y armónica de nosotros los hondureños.
Hoy cumplimos la parte que nos corresponde como gobierno con la solemne instalación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación.
Gracias a todos por su presencia y por la ayuda que hemos recibido de muchos países amigos, cuando se dan estas crisis los que más sufren son los que no tienen ninguna culpa, los más pobres, gracias por su solidaridad con el pueblo hondureño.
En esta histórica ocasión quiero cerrar con las palabras de Nelson Mandela, verdadero ejemplo de perdón y apóstol de la reconciliación en su país, cuando al inicio de su mandato expresó ante la comunidad internacional:
“El tiempo para la cicatrización de las heridas ha llegado.
El momento de salvar los abismos que nos dividen ha llegado.
El tiempo de construir es ahora.”
¡Que Dios ilumine la mente y el corazón de todos los hondureños”







