La ceremonia se produce en unos momentos de polarización en EE.UU. por la nueva ley SB1070 de Arizona, que criminaliza a los indocumentados y ha causado fricciones entre Washington y México.
«Nuestras leyes protegen a cada trabajador en EE.UU., y estamos tratando de educar tanto a los empleadores como a la comunidad inmigrante de que no hay cabida para la discriminación», explicó Solís.
Asimismo lamentó que los inmigrantes, en particular los indocumentados, sean «chivos expiatorios» de quienes no se ajustan a la nueva realidad demográfica del país.
«Durante malos tiempos económicos, como la recesión que aún atravesamos y que ha eliminado empleos, la historia nos demuestra que siempre hay intentos por atacar a una población, por hacerla un chivo expiatorio y culparla de los problemas», observó.
El departamento de Trabajo ha lanzado la campaña «Podemos ayudar» para combatir las violaciones laborales y la explotación de quienes, por temor, no denuncian abusos.
Esa campaña está dirigida a grupos vulnerables, entre éstos los trabajadores latinos en las áreas de construcción, sanidad y trabajos domésticos.
Los indocumentados «pueden registrar una queja» sobre cualquier abuso «sin ningún temor, porque nosotros no vamos a reportarlos a las agencias», aseguró Solís.
Para la secretaria de Trabajo, nacida en EE.UU. de padre mexicano y madre nicaragüense, la ley SB1070 en Arizona refleja «posturas muy extremistas» de elementos que, frente a la diversidad cultural del país, siguen «anclados al pasado».
Desde su oficina en la Avenida Constitución, decorada con fotos de su familia, obras del mexicano Diego Rivera, y artesanías centroamericanas, Solís recordó que su militancia a favor de los trabajadores la heredó de sus padres que, según afirmó, le inculcaron siempre el sentido de «justicia».







