Romero, que se caracterizó por defender a los más pobres y desprotegidos, fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un francotirador mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital para enfermos de cáncer Divina Providencia, ubicado en San Salvador.
El papa argentino Jorge Mario Bergoglio, «al que tengo la dicha de conocer personalmente», «tiene una devoción» por Romero y una «convicción total de que es un santo y un mártir; por tanto, todo indica que los astros están alineados» para que lo beatifique.
Así lo manifestó el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, en la tradicional conferencia dominical celebrada en la Catedral Metropolitana.
«Estoy muy optimista porque han ido dándose elementos en una forma progresiva y todos en la misma dirección» para que Romero sea beatificado, agregó.
Destacó que «si hubiera una encuesta entre los países de América Latina hay una absoluta mayoría abrumadora en favor de monseñor Romero; por tanto, creo que el momento está madurando, solo que estamos en los tiempos de Dios que no son iguales a los tiempos de nosotros», aclaró.
Reconoció que «hay que respetar los procesos de la Santa Sede» para la beatificación de Romero.
El Vaticano abrió en 1994 el proceso de beatificación de Romero, a quien muchos latinoamericanos llaman «San Romero de América», pese a que aún no ha sido beatificado.
Este sábado miles de salvadoreños y extranjeros celebraron anticipadamente los 33 años de su asesinato, que aún continúa impune.
Rosa Chávez también se mostró «muy optimista» del nuevo pontificado de Francisco, no sólo porque escogió un nombre «inédito», sino porque ha dicho que va a trabajar por los más pobres, labor que va «en el camino de la iglesia latinoamericana», destacó.
«Siendo un poco exagerado el centro de la iglesia pasó a América Latina, dejó de estar en Europa y esto cambiará muchas cosas», indicó.







