Tegucigalpa – El año 2014 nunca será olvidado por los miembros de la familia Valle Valle, del occidente de Honduras, quienes de la noche a la mañana salieron del anonimato para saltar a la opinión pública como un grupo transportista de droga con fuertes conexiones en México y Guatemala, hasta su captura hace más de dos meses y su posterior extradición a Estados Unidos que les reclama por el delito de narcotráfico.
Ellos son parte de un grupo de extraditables en Honduras a quienes el año que está por concluir no les dejará ni exquisitas viandas ni finos licores, todo lo contrario, a unos les agarrará en una cárcel estadounidense, a otros en una celda hondureña, mientras al resto, la angustia de ser los próximos en la lista les quitará el sueño y la alegría.
Hasta antes de su captura, el clan de los Valle era un grupo conocido localmente en la zona donde operaban en el occidental departamento de Copán. La gente conocía de sus andanzas, de sus bondades y también de sus venganzas. Pero ello no era del conocimiento público.
En la zona de El Espíritu, en Copán, algunos pobladores al conocer la captura de los hermanos Valle, salieron a la calle a protestar porque se quedaban sin empleo, pero la acción no pasó a más. La opulencia con que vivían los Valle poco a poco fue desplazando esos reclamos locales de empleo y bienestar.
Una opulencia que tras su extradición a Estados Unidos, sigue sorprendiendo a propios y extraños: prometedoras fincas, lujosas casas de playa con retratos que aspiraban rasgar el buen gusto que predomina en ciertas elites, hoteles y hasta edificios, son parte de la riqueza incautada a los Valle, para quienes el dinero, al parecer, no era problema.
Estertores de una opulencia
Las últimas incautaciones hechas en sectores de Omoa, Copán y San Pedro Sula, fueron algo así como los estertores del gusto de los Valle, pues casi en forma simultánea, con una sonrisa forzada, abordaban un vuelo sin retorno que los trasladó a una celda en Estados Unidos, hacia donde no llegará, como estaban acostumbrados, el espíritu de la Navidad.
Los cuerpos de inteligencia del Estado hondureño, aseguran que en la casa de playa incautada en Omoa, se quedaba con alguna frecuencia el otrora jefe del cartel mexicano de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, último que también guarda prisión pero en una cárcel mexicana.
La presencia de Guzmán en territorio hondureño fue denunciada hace algunos años por medios de prensa mexicanos y casi ratificada cuando se produjo, este mismo año, la captura en Miami de Digna Valle, hermana de los Valle y a quien las autoridades estadounidenses relacionaban como una pieza clave en la administración de algunas redes del cartel de Sinaloa.
Pero el jueves 18 de diciembre, cuando dos de los hermanos Valle, Miguel Arnulfo y Luís Alonso, fueron custodiados para ser enviados a Estados Unidos, esa opulencia a la que estaban acostumbrados quedó atrás: una celda y un juicio por narcotráfico les espera, con altas probabilidades de ser condenados.
Les seguirá en ese viaje, su hermano José Inocencio y su esposa, a inicios del próximo año. Ellos junto al también presunto narcotraficante, Héctor Emilio Fernández, alias “Don H”, también pasarán una amarga navidad en una celda militar hondureña, mientras el año nuevo les espera en una cárcel de Estados Unidos.
Las autoridades tenían programado una especie de vuelo charter para enviar a todos los hermanos Valle y Don H a Estados Unidos, pero por cuestiones de procedimiento legal, la entrega será en partes: un magistrado no firmó y otra apelación está por resolverse cuando la justicia vuelva de vacaciones.
Limpiando la casa
El embajador de Estados Unidos en Honduras, James Nealon, fue directo al señalar que Honduras empieza a limpiar la casa, mientras el presidente Juan Orlando Hernández, una vez más reafirmó que los hondureños deben ir acostumbrándose a este tipo de extradiciones.
En el occidente, de donde son oriundos los Valle, la información que circulaba era la que daban las autoridades, mientras algunos activistas humanitarios y comunicadores sociales confiaron a Proceso Digital que ojalá la paz vuelva a esa zona.
Pidiendo resguardar su identidad, comentaron que en esa zona de occidente Los Valle “eran patrones” que hacían sentir su autoridad con mensajes directos o subliminales. Son las zonas de las autocensura que tiene Honduras, nadie habla, nadie ve y nadie escucha.
El gobierno hondureño parece decidido a revertir esa situación y no es casual que mientras los hermanos Valle abordaban el pájaro de hierro que los llevaría a Estados Unidos, otra nave aterrizaba en Toncontín, transportando al jefe del comando sur del ejército estadounidense, John Kelly.
Kelly, quien se reunió con el presidente Hernández y los miembros del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, habría sido parte de una “revisión estratégica” de la guerra antidroga y ya para el próximo año se anuncia que seguirá el escudo aéreo y marítimo que han montado en las regiones caribeñas de Colón y La Mosquitia.
La lucha se centrará en recuperar territorios en donde la institucionalidad estatal es débil ante la presencia de los barones de la droga, quienes también parece que se encontrarán ante una región centroamericana más decidida a no darles cuartel ni albergue en su territorio.
Al menos así lo ha propuesto y advertido el presidente hondureño Juan Orlando Hernández, luego de su última gira por Belice para participar de una reunión del Sica, la plataforma política centroamericana que también delinea con Estados Unidos los ejes estratégicos de la lucha contra el narcotráfico en la región.
Las grandes líneas de lo que se viene para Honduras y Centroamérica en materia de lucha contra las drogas y la criminalidad organizada parecen estar trazadas y para muchos grupos de transportistas locales de droga que operan en el país y la región, la navidad y el año nuevo parece alejarse junto a la lista de extraditables.







