Según el portavoz de la selección, Rodrigo Paiva, el primer contacto con el balón sólo está previsto para mañana, cuando el equipo se completará con la llegada de Julio César, Maicon y Lúcio, jugadores del Inter de Milán que hoy ganaron en Madrid la final de la Liga de Campeones de Europa ante el Bayern de Múnich.
Los trabajos de acondicionamiento físico en el gimnasio y los exámenes de laboratorio y médicos marcaron los dos primeros días de concentración en el Centro de Entrenamiento Cajú, un moderno complejo deportivo del club Atlético Paranaense en Curitiba, capital del sureño estado de Paraná.
Bajo un fuerte esquema de seguridad y ante una nutrida presencia de periodistas y curiosos, los dirigidos por el técnico Dunga encaran la recta final de su preparación para el Mundial en un clima de sigilo y casi que sin ningún contacto con el mundo externo.
Hasta el acceso a internet por parte de los jugadores fue limitado por el riguroso Dunga, que hasta ahora no ha hablando con los centenares de periodistas apostados en los alrededores del centro de entrenamientos.
Las instalaciones del Atlético Paranaense se transformaron en un auténtico búnker para el seleccionado brasileño, al punto que osados hinchas y periodistas han escalado muros y techos de las pocas residencias vecinas para tratar, al menos, de tener una imagen de los jugadores.
Mientras tanto, la prensa deportiva nacional y extranjera que cubre la preparación de la selección no se cansa de reclamar por la falta de infraestructura para los medios en el lugar de la concentración.
Sin una sala de prensa, los periodistas pasan las horas en las afueras del complejo deportivo bajo una carpa blanca que no protege lo suficiente de la lluvia y el frío, rodeados por una multitud de hinchas.
La única «comodidad» corre por cuenta de los patrocinadores del seleccionado, que han instalado mesas con alimentos de sus marcas para hacer más amenas las largas horas de espera previas a las ruedas de prensa.
El viernes, en la primera, participaron sólo el preparador físico Paulo Paixao y el médico José Luiz Runco, lo que frustró en gran parte a los cerca de 500 periodistas acreditados que también esperaban al técnico Dunga y a alguno de los jugadores.
La rueda de prensa de hoy estuvo a cargo de los laterales Daniel Alves y Michel Bastos.
Tampoco en el aeropuerto Affonso Pena, de la vecina Sao José dos Pinhais y que opera para Curitiba, las decenas de seguidores que esperaban a la selección pudieron saludar a sus ídolos.
El autobús que transportó al equipo hasta su concentración ingresó hasta la pista de aterrizaje y partió sin que periodistas y aficionados pudieran ver a los mundialistas.
Al respecto, el portavoz de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Rodrigo Paiva, comentó hoy que la decisión de impedir el contacto de la selección con el público y la prensa se tomó a pedido de las autoridades aeroportuarias de Curitiba, quienes argumentaron que no tenían capacidad para garantizar la seguridad de jugadores, periodistas y aficionados.
Paiva aseguró que el miércoles, cuando el equipo deje Curitiba, el seleccionado abordará el avión por la puerta de embarque normal y los jugadores podrán despedirse directamente de los aficionados.
De Curitiba el equipo viajará a Brasilia para recibir la bandera nacional de manos del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y de inmediato se trasladará a Johannesburgo para completar su preparación para el Mundial.







