Si uno se adentra en las locuciones adverbiales, tropieza con que la expresión «en las chimbambas», más empleada en España que en América, pasa a ser «en las sínsoras» en el área antillana; y ve que en Cuba leen «de carretilla» y no «de carrerilla», mientras que en el habla popular del área andina, Colombia y buena parte de Centroamérica lo hacen «a la fija».
Quien mata sin escrúpulos mata «sin ascos» en muchos países americanos, y quien camina con los pies desnudos va «a pie pelado» o «a pata pelada» en Chile, Centroamérica y zonas caribeñas.
«Salí poco menos que a la disparada», se dice en el área rioplatense con el sentido de «al momento» o de «precipitadamente», en tanto que «al cohete» significa «en vano» en El Salvador y en países próximos.
Cuando uno es poco propenso a pagar y va «de gorra», en El Salvador, Honduras y Guatemala va «de fai»; en este último país iría también «de grolis» y en Puerto Rico, «de cachete».
«Me lo sé de paporreta», dice Bryce Echenique en «Magdalena peruana y otros cuentos», lo que en otros países se sabrían de memoria. Y «poner en berlina» es poner en ridículo en el español culto de Ecuador.
Emplear locuciones latinas da categoría a quien las usa, pero hay que tener cuidado con ellas, porque lo correcto es decir «motu proprio» y no «de motu propio», y también «grosso modo» y no «a grosso modo».
Tampoco conviene confundir la locución adverbial «ex abrupto» (repentinamente) con la salida de tono que supone un «exabrupto».
Al parecer, el sufijo diminutivo «-ico» va perdiendo fuerza, pero en algunos países andinos y en parte de Centroamérica y Caribe se ha desarrollado la variante «-itico/-itica: «ahoritica», «cerquitica», «pueblitico» y «tiernitico».
Y ¿qué decir del sufijo -«ingo/-inga»? Resulta que tiene «gran vitalidad» en regiones andinas, tanto con adjetivos («quietingo», «friingo») como con sustantivos («casinga», «mesinga») y adverbios («ahoringa», «cerquinga»), se afirma en la «Nueva gramática», publicada por Espasa en España e Hispanoamérica.
En el capítulo dedicado al género se recuerda que no es correcto decir «este hacha», «todo el hambre» o «poco agua», sino «esta hacha», «toda el hambre» y «poca agua», y se insiste en que los sustantivos masculinos de persona «designan todos los individuos de la clase o el grupo que se mencione, sean varones o mujeres».
Por lo tanto, es innecesaria esa costumbre tan extendida entre los políticos de decir «los ciudadanos y las ciudadanas», «los argentinos y las argentinas», «los peruanos y las peruanas», «los alumnos y las alumnas»…, etc.
El sustantivo «fiscal» es común en cuanto al género (el fiscal/la fiscal), pero se registra también «la fiscala» en Paraguay y en algunos otros países hispanoamericanos. Y no es correcto decir «miembra», por mucho que algún político se empeñe.
«Jueza» está extendido en Chile, en parte del área rioplatense, Caribe continental y Centroamérica, y se prefiere «la juez» en España, México o Perú.
Hubo un tiempo en que se usó «cónsula» como mujer del cónsul, pero hoy se dice «el cónsul», «la cónsul», aunque en varios países americanos emplean «consulesa».
A las mujeres poetas no les suele gustar que les llamen «poetisa», y rechazan esta variante quizá porque «lleva a veces asociada la connotación de ‘poeta menor'».
En las áreas chilena y rioplatense dicen «sos ‘un flor’ de tipo» porque utilizan «flor» como común en cuanto al género. Y en la lengua juvenil de estas mismas zonas se extiende el femenino «ídola».
Y cuando de plurales se trata, las veintidós Academias de la Lengua Española, autoras de la «Nueva gramática», recuerdan que están muy desprestigiados los «sofases» y «cafeses».
Sin embargo, en zonas rurales de algunos países americanos se registran «papases» y «mamases».
En el lenguaje publicitario actual se extiende el prefijo «-tele» para designar lo que se entrega a domicilio: «telebocadillo», «telepollo».
Y entre los jóvenes del área rioplatense se dan adjetivos inusitados en otras zonas, como «regrande», «reloco» o «relindo».







