El encuentro, organizado por el grupo Esperanza, la mayor agrupación evangélica de EE.UU., reunió en Washington a unos 750 líderes religiosos y activistas comunitarios para presionar por la reforma migratoria.
El mandatario señaló que Estados Unidos es un país de leyes y una nación de inmigrantes, «dos conceptos que no están reñidos, sino que se complementan».
«Por eso estoy comprometido con una reforma migratoria comprensiva», afirmó.
Obama destacó la importancia de fortalecer las fronteras estadounidenses para frenar la inmigración ilegal, pero también «aclarar el estatus de los millones de personas que están aquí de manera ilegal».
Con una reforma integral, aseguró, que los indocumentados podrían tener la oportunidad de convertirse en ciudadanos, a los que instó a pagar sus impuestos, aprender inglés y ponerse «al final de la fila» para regularizar su situación.
Esos son los elementos de la reforma migratoria que fracasó en 2007 por falta de consenso entre demócratas y republicanos.
Obama ha sido objeto de críticas en días recientes por la minoría republicana y por algunos activistas hispanos porque la Casa Blanca ha postergado dos veces, en dos semanas, una cumbre migratoria prevista para este mes para discutir los puntos de partida de ese plan de reforma.
La Casa Blanca no ha fijado fecha nueva para el encuentro ni ha divulgado la lista de invitados.
El gobernante comenzó su discurso con un «buenos días» y subrayó que si él ha sido el primer mandatario afroamericano de la historia de este país confía en que algún día también habrá un «primer presidente hispano».







