En los discursos de los dirigentes, Juan Barahona y Luís Baquedano, se mezclaron varias ensaladas de demandas, algunas incluso fueron una réplica de hechos pasados. Ambos condenaron el “estado de cosas” y aplicaron un término novedoso en la jerga sindical, “el exilio de inmigrantes a causa del tratado de libre comercio en sus cláusulas”.
En la parte toral de sus empalagosos discursos, se pidió la salida del fiscal Luis Rubí y del presidente de la Corte Suprema de Justicia, para generalizar en condenar a todos los que consideraron parte de la salida del poder de Manuel Zelaya.
Pero ninguno de ellos se atrevió, a pedir con nombre y apellido la salida de Custodio, como lo habían advertido los liberales zelayistas en resistencia y las facciones radicales de la izquierda hondureña. La no mención de Custodio, causó extrañeza partiendo de la campaña de odio desatada en su contra, y reflejada en más de alguna pancarta o consigna.
La mayoría de los participantes y la dirigencia obrera que hoy arengó a favor de una constituyente, fueron en épocas pasadas, personas que deben su vida a las gestiones del doctor Custodio, que en solitario, inició en la década de los ochenta una lucha a favor de los derechos humanos cuando éstos no eran una bandera de oportunidades políticas y económicas, sino un compromiso y voluntariado por el cual muy pocos daban la cara.
Custodio ha sido el principal formador e inspirador en la defensa de los derechos humanos en Honduras; hoy quienes le contradicen, fueron sus alumnos en el pasado sin haber logrado, de momento, descollar con el prestigio y solvencia del actual comisionado de los derechos humanos en este país.







