Familiares de los caídos cuando las tropas de EE.UU. invadieron el país el 20 de diciembre de 1989 para derrocar al general Manuel Antonio Noriega celebraron un acto ecuménico en un cementerio de la capital, mientras que organizaciones sindicales y estudiantiles se congregaron ante la antigua sede de la Embajada norteamericana.
El Gobierno del presidente Ricardo Martinelli no preparó ninguna actividad para conmemorar la efeméride, en la que al menos 300 panameños murieron, sin que jamás se haya realizado un recuento de víctimas sistemático para esclarecer cuál fue el saldo de la intervención militar, aunque algunas estimaciones hablan de miles.
«Yo pienso que nos va a tomar algo de tiempo para que algún presidente vaya a interesarse por la cantidad de muertos que hubo aquí en Panamá», dijo a Efe la dirigente de la Asociación de Familiares y Caídos el 20 diciembre de 1989 Elizabeth Ayola, cuya agrupación persigue que se declare la fecha «día de duelo nacional».
El país norteamericano decidió invadir Panamá el 20 de diciembre de 1989 por los desmanes de Noriega, que fue hombre de confianza de Estados Unidos en la región durante casi 20 años y a quien se vincula con la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
En una operación llamada «Justa Causa», 26.000 soldados entraron en Panamá durante la noche para desmantelar el ejército norieguista y capturar al dictador, que se entregó 13 días después y fue condenado en EE.UU. a 40 años de prisión por narcotráfico.
Esta acción, en la que Estados Unidos desplegó todo su poderío militar, sigue dividiendo a los panameños. Para muchos se trata de una intervención que sirvió para liberar al país de 21 años de régimen militar; para otros, constituyó una violación de la soberanía panameña y un genocidio.
«Nosotros los panameños no podíamos acabar con la dictadura blandiendo pañuelos blancos por la calle, con cacerolas, ni votando unas elecciones que los militares controlaban, hacían fraude y si las perdían las anulaban», dijo a Efe el ex contralor de Panamá durante la transición a la democracia, Rubén Darío Carles.
«La oposición civilista panameña logró primero convencer a la opinión pública americana de que estos eran unos traficantes, unos dictadores y que no había solución política, porque ellos la iban a impedir» con el apoyo de los mismos estadounidenses, sostuvo.
Medio centenar de miembros de sindicatos y colectivos estudiantiles también se concentraron hoy ante la antigua sede de la Embajada estadounidense para clamar contra el imperialismo y recordar a las víctimas de la invasión, a quienes consideran mártires caídos por la patria.
El sacerdote y presidente de la Coordinadora Popular de los Derechos Humanos de Panamá (Copodehupa), Conrado Sanjur, que estuvo presente tanto en el acto ecuménico como en la protesta ante la Embajada, hizo un llamado a recuperar la verdad sobre los crímenes que se cometieron durante la invasión.
El sacerdote señaló a Efe que «la invasión no vino del aire, sino que fue producida por el Ejército de un país (Estados Unidos) y aquí en Panamá, tanto los Gobiernos de aquel tiempo como los que les han sucedido, han tenido su nivel de responsabilidad e incluso complicidad en mantener las cosas en silencio».
«Para Panamá esta fecha marcó nuestra historia, es una fecha de mucho dolor para los que sufrimos (…) en el momento de la invasión misma y por lo que vivimos posteriormente, por el olvido que quieren los gobernantes», dijo a Efe Trinidad Ayola, hermana de Elizabeth y que hoy cumple 20 años de viuda.
«Creo que ya hemos creado mucha conciencia en la gente, porque aquellos mismos que nosotros denunciamos que pidieron la invasión aquel día y que en algún momento dijeron que eso era una liberación, hoy han cambiado su discurso y dicen que la invasión fue innecesaria», añadió.
Sin embargo, el primer vicepresidente de la transición a la democracia, Guillermo Ford, ganador junto a Guillermo Endara de unas elecciones que, meses antes de la invasión, el régimen militar había anulado, negó en televisión que solicitaran en su momento la intervención estadounidense para derrocar a los militares.
«Jamás pedimos la invasión», subrayó Ford, quien formó parte del gobierno de reconstrucción de Endara (1989-1994), que tomó el poder tras la caída de Noriega y gracias a la invasión norteamericana.
«El 20 de diciembre de 1989 se produjo lo que nosotros consideramos siempre que pudo haber sido la solución, pero que ni la pedimos, ni la ansiamos», concluyó Carles, quien desde el exilio fue uno de los responsables de que Estados Unidos dejara de apoyar a los regímenes militares que, con el respaldo de Washington, gobernaron Panamá durante 21 años.







