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Sentida misa y sepelio para despedir a la presidenta de la Fundación Suyapa

Tegucigalpa – En una sentida ceremonia, los familiares, amistades, las damas de la Fundación Suyapa y la sociedad capitalina despidieron a doña Victoria Faraj de Atala.

Una misa de cuerpo presente en la Basilica Menor de Nuestra Señora de Suyapa fue oficiada por el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga en honor a doña Toya.

En el oficio religioso estuvieron presentes varios prelados de la jerarquía católica con los que doña Toya construyó su amplia obra de servicio por más de tres décadas y 27 años liderando la Fundación Suyapa, en honor a la Virgen, de la que siempre fue fiel devota.

El cardenal Rodríguez destacó que doña Toya “pasó su vida haciendo el bien” al tiempo que la definió como “una gran luchadora que no se dejaba vencer por ninguna dificultad”.

(LEER) Fallece doña Toya Atala y deja una huella de amor y generosidad

Asimismo, destacó que doña Toya supo conducir a su familia por la senda del bien, especialmente tras el fallecimiento de su esposo don Juan. Seguidamente le dijo a sus hijos Camilo, Juan Carlos, Javier, Luis y a sus familias, que tenían la gran tarea de mantener la familia unida, como siempre lo hizo su madre. “Todo reino unido permanece y su fuerza es el amor”, recalcó el cardenal Rodríguez.

Victoria Faraj de Atala en vida.

“La familia debe sentir lindo escuchar los testimonios no sólo de amigos sino de gente que la necesitó y siempre encontró en ella su apoyo, fueron muchas personas”, externó y luego valoró como ella fue pilar en la Fundación Suyapa, desde hace 27 años. “Yo la conocí desde que comenzó la Fundación, ella era un motor que sabía motivar por el amor que le tenía a la virgencita de Suyapa”, apostilló para concluir diciendo: “Doña Toya su memoria será bendita por siempre”.

Concluida la homilía, los hermanos Atala Faraj agradecieron las  muestras de afecto expresadas hacia su  madre y en nombre de todos ellos, fue su hijo Camilo, quien destacó sus virtudes y la calificó como una emprendedora nata que dejó huella en su paso por la vida en la que construyó en diferentes ámbitos.

En ese sentido, rememoró los años jóvenes de su madre en los que destacó formándose académicamente y trabajando en la fábrica de camisas de su padre, en la que manejaba la contabilidad.

Luego, en su vida familiar, en la que junto a su padre don Juan, vivieron propósitos comunes pero al fallecer él, cuando ella tenía 63 años, fue quien les impulsó a lograr sus propósitos y construir sus familias así como contribuir con el país.

Rememoró la analogía que su mamá hacía al calificar a su familia como un jardín en el que ella ponía todo su empeño en cultivar, un propósito que alcanzó con creces. Al concluir sus sentidas palabras, Camilo dijo para referirse a ella “Misión cumplida”, una cita propia de doña Toya para definir su misión familiar y su propósito de vida.

Previamente doña Toya también fue despedida con homenajes de amigos y personas que le dieron múltiples muestras de amor y que alzaron sus manos para elevar globos en su memoria.

Su cuerpo ya descansa en el jardín de paz Suyapa donde los homenajes se prolongaron en una tarde de muchos sentimientos. (PD)

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