El seísmo se produjo en pleno centro de la isla de Honshu, la más grande de Japón y se sitió con bastante intensidad en Tokio, aunque no se informó de daños en un primer momento, según la televisión NHK.
Asimismo, el terremoto tampoco provocó cortes en las líneas de ferrocarril, por lo que podría no afectar a los viajeros que diariamente se desplazan a la capital nipona.
En la escala japonesa cerrada de 7, el terremoto alcanzó una intensidad de 4 en las provincias de Tochigi, Ibaraki y Saitama, y sacudió Tokio con una intensidad de 3 grados, por lo que los edificios de la capital temblaron durante unos segundos.
Poco antes, a las 23.45 hora local (15.45 GMT), un terremoto, que finalmente se categorizó como de 5 en la escala Richter, sacudió la península de Izu, provincia de Shizuoka, a unos 120 kilómetros al suroeste de Tokio, provocando la caída de muros, rotura de tuberías y otros daños materiales sin que se informara de víctimas.
En Japón los edificios están construidos para soportar fuertes movimientos sísmicos debido a la frecuencia con que se producen, ya que el país se encuentra encima de varias fallas, y fuertes temblores con frecuencia no causan daños.







