Londres – Con cuatro títulos consecutivos -a uno del récord de Bjorn Borg-, 28 victorias seguidas y siete años sin conocer la derrota, que todas las quinielas no apunten a Novak Djokovic como próximo ganador de Wimbledon es poco más que una osadía.
El serbio es total dominador de la superficie, desde la marcha de Roger Federer y también en los últimos años del suizo. No en vano, Djokovic le batió en las finales de 2014 y 2015, y en la de 2019, con aquellos dos irreales puntos de partido salvados. El último rejonazo al de Basilea puede llegar este año, con el octavo título para Djokovic, igualando el registro de Federer y colocándose a solo uno de los nueve que consiguió Martina Navratilova.
Al ojear en profundidad el cuadro de Wimbledon, es fácil descubrir que, con la ausencia de Rafael Nadal, de año sabático, y Federer, ya retirado, solo uno de los otros 127 tenistas que participan en el torneo sabe lo que es ganar a Djokovic en esta superficie.
Es Andy Murray, con la final que terminó en 2013 con la agonía británica de ver a un nuevo campeón, el único participante que sabe lo que es inclinar al campeón. El resto, o están retirados, como es el caso de Tomas Berdych o Sam Querrey, o están fuera por lesión, como Marin Cilic, su verdugo en la final de Queen’s en 2018.
Los otros que vencieron a Djokovic sobre hierba son tenistas que suenan a otra época, como Tommy Haas, Xavier Malisse, Marat Safin y Sebastian Grosjean, además del eternamente castigado por las lesiones Juan Martín del Potro.
Precisamente, esa derrota ante Murray en 2013 es la última que Djokovic ha sufrido en la pista central. Una década entera invicto en la Catedral, puesto que en 2016 (ante Querrey) y 2017 (Berdych), la organización le desplazó hacia la pista 1, la segunda en importancia del torneo.
En este dominio de cinco años, que comprenden desde la victoria ante Tennys Sandgren en primera ronda de 2018 hasta la final contra Nick Kyrgios del año pasado, Djokovic deja un registro de quince partidos ganados en tres sets, diez, en cuatro parciales y solo tres se han ido hasta el quinto set.
Los tres héroes en exprimir a Djokovic hasta ese punto fueron Nadal, en las semifinales de 2018, el partido conocido por el cierre del techo, Federer, en la final de 2019, y Jannik Sinner, en los cuartos de final del año pasado. El italiano ha sido el único en este período de tiempo en ponerse 2-0 arriba, mientras que Nadal dispuso de varias pelotas de ‘break’ en aquel quinto set que perdió por 10-8 y Federer tuvo dos puntos de campeonato que le hubieran dado su vigésimo primer Grand Slam y noveno Wimbledon.
«Cuando entro en la pista central, se despierta algo en mí», aseguró este sábado el serbio. «Me despierta algo que hace que juegue al máximo nivel».
Djokovic, a su aterrizaje en la capital, se grabó comiendo césped en una de las pistas de entrenamiento del All England Club, su celebración más carismática, y espera cerrar la gira londinense de la misma manera, cuando el próximo 16 de julio se celebre la final masculina.
Pensar en un rival que pueda doblegarle es irse a los Carlos Alcaraz, Sinner… y poco más, porque los especialistas en esta superficie escasean -Nick Kyrgios, finalista el año pasado, apenas ha jugado un encuentro desde octubre- y porque sus verdugos en el pasado están fuera de combate o retirados. Sí, en el cuadro de Wimbledon aparecen 128 jugadores, pero que sean capaces de ganar este torneo caben en los dedos de una mano. Y casi sobra espacio. EFE







