De esta manera, Centroamérica se convierte en la primera región que logra un amplio acuerdo de asociación con la UE, un pacto «equilibrado», «bueno para todas las partes» y que contribuirá al proceso de integración centroamericano, según dijo en una rueda de prensa el comisario europeo de Comercio, Karel De Gucht, acompañado por los seis ministros del área.
En su opinión, este acuerdo no entra «en contradicción» con la Ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial -proceso que se comprometió a concluir lo antes posible-, y supone un impulso para que la economía europea deje atrás la crisis.
«Es global porque la filosofía de la UE en los acuerdos bilaterales es que sean ambiciosos, que no minen la ronda de negociación de Doha», explicó el comisario.
Los últimos escollos de la negociación se encontraban en el pilar comercial del acuerdo (también incluye pilares de diálogo político y cooperación) y, especialmente, en el apartado de denominaciones de origen de productos europeos y en el ingreso de lácteos en el mercado del Istmo.
Los líderes europeos y centroamericanos rubricarán el cierre de las negociaciones de manera solemne mañana, durante la cumbre bilateral que mantendrán ambas regiones.
Los ministros centroamericanos coincidieron en que «aún queda mucho trabajo por delante» ya que, a continuación, el acuerdo deberá superar la comprobación jurídica y la traducción a las 23 lenguas oficiales de la UE.
Una vez completado este proceso, que puede durar unos seis meses, según fuentes comunitarias, la Comisión Europea -la institución que ha negociado el tratado en nombre de los Veintisiete- pedirá la autorización del Consejo de Ministros de la UE para firmar el texto, lo que también harán las autoridades centroamericanas.
La Comisión espera llegar a esa fase a finales de este año, aproximadamente, para que el texto pase al Parlamento Europeo y a los congresos de cada país centroamericano para su ratificación y posterior entrada en vigor.
La nueva ministra de Comercio Exterior de Costa Rica, Anabel González, señaló que este acuerdo ayudará a que la región avance en su proceso de integración, y opinó que puede servir de acicate para la conclusión de la Ronda de Doha de liberalización comercial.
También hizo hincapié en que será un acuerdo bilateral, una ventaja frente al sistema generalizado de preferencias arancelarias (SGP Plus) que la UE puso a disposición de estos países pero que se caracterizaba por ser un mecanismo unilateral.
El ministro nicaragüense de Fomento, Industria y Comercio, Orlando Solórzano, afirmó que el acuerdo será un «instrumento de desarrollo económico y social, pero también de estabilidad».
Para el ministro de Industria y Comercio de Honduras, Oscar Escalante, la UE es «la región más desarrollada y es la que tiene que ser más flexible cada día, para ayudarnos a adquirir bienestar social y económico, lo cual genera paz».
El ministro de Industria y Comercio de Panamá, Roberto Enríquez, aseguró que su país «avanzará en la integración total dentro del marco de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA)» de la que no forma parte.
Panamá inició la negociación como observador, pero en la recta final se convirtió en parte plena del mismo tras garantizar a la Comisión Europea que se incorporaría a la SIECA lo antes posible.
Por otro lado, las partes incluyeron en el capítulo de diálogo político las bases para crear un mecanismo financiero para el desarrollo de infraestructuras en el Istmo -propuesto por Nicaragua y respaldado por todos sus socios centroamericanos-, según indicó a Efe el jefe negociador de Costa Rica, Roberto Echandi.
Las exportaciones de bienes europeos a Centroamérica ascendieron en 2009 a 4.200 millones de euros (5.210 millones de dólares), mientras que las importaciones procedentes de esa región al mercado europeo fueron de 4.600 millones de euros (5.700 millones de dólares).
En 2008, la UE fue el segundo socio comercial de América Central (tras Estados Unidos) con una cuota de mercado estable durante los últimos diez años de aproximadamente el 10%.







