Medio año después, Zelaya se encuentra encerrado, desde hace tres meses, por voluntad propia, en la embajada de Brasil en Tegucigalpa.
En medio de una maraña de contradicciones Zelaya ha enviado mensajes encontrados. El algún momento exigió que fuera el Parlamento hondureño el que decidiera su restitución; luego de que se le concedió esta petición que fue incluida como punto en el acuerdo Tegucigalpa – San José, él ha dicho que la decisión de los diputados es ilegítima.
Posteriormente el depuesto gobernante ha enviado mensajes comunicando su deseo de salir de la embajada e incluso ha comprometido a gobiernos como el de México, República Dominicana, Brasil y Argentina en sus aventuras.
Una vez que las posibilidades de salir han estado a punto de materializarse, el ex gobernante ha dicho que no saldrá de la sede diplomática sino es como presidente constitucional, una idea que ya fracasó, cuando él se sometió a la decisión del Parlamento que determinó por 111 votos en contra de su retorno a la presidencia, 14 por su regreso y 3 abstenciones.
Ahora, cuando Brasil ha dicho que su incómodo huésped sólo puede quedarse en la sede diplomática hasta el 27 de enero, Zelaya ha optado por iniciar una campaña en contra del presidente electo, Porfirio Lobo y lo que será su gobierno.
Manuel Zelaya usa, cada vez que puede, los medios capitalinos y las radios del interior del país para llamar a la población a hacer exigencias a las nuevas autoridades, aún y cuando éstas están a un mes de asumir sus funciones.
En ese sentido, el ex mandatario, ha pedido a la población que luche por el estatuto del docente, por un nuevo salario mínimo y por todas las regalías que él fomentó desde su mandato.
Asimismo, dice que la resistencia zelayista deberá constituirse en un partido político que catalice las inconformidades sociales y se convierta, según él, en una especie de fuerza transformadora.







