Por: Otto Martín Wolf
Hace tiempo que dejé de recibir eL tipo de regalos que uno puede atribuir a San Nicolás.
Debo confesar que, aún habiendo sido su eterno creyente, jamás ví el trineo acercarse a nuestro barrio. Nunca tuve muy clara la razón, no estoy seguro si el hombre recibía mis cartas y se hacía el desentendido o, debido a la pobreza de la zona, no se atrevía a pasar cerca, quizá por temor a que otros niños frustrados lo atacaran a pedradas.
En el presente, ya de adulto, las cosas han cambiado. Ahora cada año familiares y amigos me hacen llegar muestras de aprecio empacadas en coloridos papeles y adornadas con chongos brillantes. Ellos hacen el papel de San Nicolás y yo me siento complacido.
Pero todos esos regalos (cuyo precio fluctúa según la situación económica), son de origen conocido. Generalmente vienen acompañados de una tarjeta que nos indica su proveniencia, casi nunca llegan en forma tan anónima para hacerme pensar que -algún regalo en particular- puede venir del real San Nicolás.
No obstante, con lo mucho de niño que aún me queda, cada año sigo esperando su llegada con ansias y cierto nerviosismo, los creo conservaré hasta la última de mis navidades.
Pero este año las cosas son diferentes, hay más esperanzas, hay buenas noticias, tengo razonables motivos para creer que de verdad puede existir un San Nicolás que – a veces- se acuerda de mi o de nosotros, refiriéndome a toda Honduras en general.
Creo que Santa ha pensado en todos nosotros este año!
Hay regalos para, grandes y pequeños, ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos… es posible que Santa exista, lo digo con completo convencimiento y, quizá, hasta con pruebas irrefutables.
La primera de las pruebas es que, cuando nadie lo esperaba, cuando todos creíamos que los dueños del petróleo nos seguirían succionando hasta el último de los centavos, quitándonos la comida para comprar movilización y energía eléctrica, los precios se vinieron para abajo.
El barril, que en tiempos del Comandante Chávez llegó a costar hasta $ 130.oo o una barbaridad parecida, se ha desplomado por los $70.oo y tantos, trayendo un poco de respiro a nuestro acongojado bolsillo.
Unos dicen que la baja se debe a la sobreproducción, otros que es una guerra de los USA para quebrar a Rusia, Irán y otros países cuya economía depende del oro negro, ahora convertido casi en plomo negro.
Es posible que sea verdad, así como la extracción de fuentes no convencionales como del “esquisto” y el procedimiento llamado “fracking”, pero yo decido atribuírselo a un regalo muy personal de San Nicolás para todos los hondureños.
El dinero que dejemos de gastar en diesel, gasolina o LPG, con seguridad ayudará a balancear algunas economías.
La otra prueba de su existencia es el alza sostenida en el precio del café. Dicen que entre otros factores se debe a la sequía y plagas en Brasil. En efecto esas son las principales razones por las cuales nuestro café se vende a mejores precios. Lo que me atrevo a pensar es que detrás de todo quizá se encuentre la mano blanca de San Nicolás, sin otra razón que tratar de ayudar a Honduras.
Cuando sube el precio del café -aunque a nosotros la bolsita nos pueda costar un poco más- el beneficio en la economía nacional es grande.
Cómo voy a pensar que la sequía que hunde a Brasil – y nos beneficia a todos- sea un acto de la casualidad o la naturaleza?
No estoy seguro de cuántos paquetes de colores amanecerán debajo de mi árbol este año, quizá apenas unos pocos.
La verdad no tiene mucha importancia, el país entero ha recibdo dos buenos regalos y, como estamos en vísperas de navidad, forzosamente tiene que ser un regalo de San Nicolás, no lo dude usted!







