Antes de su intervención, los 192 países de la Asamblea aprobaron por aclamación una resolución que, además de condenar el golpe militar, pide la «inmediata e incondicional» restitución de Zelaya como gobernante «legítimo y constitucional» de Honduras.
«Esta resolución expresa la indignación del pueblo de Honduras y del resto de la comunidad internacional», dijo el mandatario centroamericano, que también aseguró que «se ha cometido un crimen, un crimen contra la humanidad, que todos debemos rechazar provenga de donde provenga».
Zelaya afirmó que desde su elección en 2005 se propuso introducir cambios en la legislación del país, como el aumento del salario mínimo, para reducir las desigualdades entre la mayoría pobre.
Durante su discurso de casi una hora y en el que se emocionó recordando el momento en que los militares le sacaron de su casa en la madrugada del domingo, señaló que su país lleva tres días «en estado de parálisis», en los que se «ha disparado contra vehículos y ha habido 146 heridos», además de que hay una «huelga general en marcha para exigir el retorno del orden constitucional».
«Nunca pensé que mis palabras fueran usadas en contra mía», indicó en referencia a sus promesas de reducir la desigualdad del país, y que «la elite me atacaría por tratar de poner fin a sus privilegios», agregó.
La Asamblea General de la ONU aprobó por aclamación una resolución que condena «el golpe de Estado» ocurrido en Honduras «que ha interrumpido el orden constitucional y democrático, así como el ejercicio legítimo del poder».
Los 192 países de la ONU estuvieron también de acuerdo en pedir «la inmediata e incondicional restitución del Gobierno legítimo y constitucional del presidente de Honduras, José Manuel Zelaya Rosales, y de la autoridad legalmente establecida» en el país centroamericano «para que cumpla el mandato para el que fue elegido por el pueblo».
Asimismo, instan a «todos los países a que no reconozcan otro Gobierno que no sea el constitucional» de Zelaya y expresan su firme apoyo a los esfuerzos hechos de acuerdo al capítulo VIII de la carta de Naciones Unidas, que llama a la resolución pacífica de los conflictos.
La resolución fue presentada por Antigua y Barbuda, Bolivia, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Venezuela.
Zelaya se vio forzado al exilio el 28 de junio, después de que el Ejército lo sacara de su casa por la fuerza y lo trasladara a Costa Rica, tras mantener un grave enfrentamiento durante varios días con otros poderes del Estado.
El depuesto mandatario insistía en llevar a cabo una consulta popular con vistas a una reforma constitucional que, según sus detractores, le abriría el camino a la reelección, pese a que el Parlamento y el Tribunal Supremo la habían declarado ilegal.
El Parlamento destituyó a Zelaya y nombró en su lugar al titular del Legislativo, Roberto Micheletti, quien asegura que en Honduras no ha habido un golpe de Estado, sino una «sucesión constitucional».
Mientras Zelaya pronunciaba hoy su discurso, una veintena de hondureños se manifestaban frente al edificio de las Naciones Unidas con pancartas de apoyo al depuesto presidente.
«Bienvenido legítimo presidente de Honduras» o «Fin al golpe de estado ya», señalaban algunas de las pancartas de los manifestantes.







